El lujo renovado de The Villa by Barton G, antigua Casa Versace, Miami

Puede pedirle el combinado de la casa, The Villa Martini, a las 3 de la mañana o que le reserve hora (y masaje a ocho manos) en el spa. O en el lounge de la azotea, con impresionantes vistas a Ocean Drive. También que le acompañe a una sesión privada en las boutiques más exclusivas de Miami. Un capricho más: que descorra las cortinas por la mañana. Aunque esto lo hará sin indicaciones, así que (advertencia personal): absténgase de dormir desnudo… Para todo eso y más están adiestrados los mayordomos made in England (un certificado da fe de su formación a cargo de una empleada del mismísimo Palacio de Buckhingham) de The Villa by Barton G, una de las últimas incorporaciones hoteleras al universo cool de Miami Beach.

Pero no se trata de una cualquiera, sino del resurgimiento de un clásico: la casa de Gianni Versace, en pleno Ocean Drive y segundo hogar de Madonna y Elton John en sus escapadas miamenses. No en vano, el diseñador de Calabria murió tiroteado en la entrada, justo cuando regresaba de hojear la prensa en el News Cafe. Ocurrió en 1997. A partir de ahí, comenzó la leyenda. Y un devenir de dueños y usos (unos con más fortuna que otros) que acabó en 2009 con la compra de la mansión de 1.800 m2 por parte de Barton G. Weiss. «Alguien tenía que hacerlo», es la sentencia que aduce orgulloso este neoyorquino especializado en la organización de eventos y en la creación de restaurantes de lujo.

El anterior nombre del complejo de aires barrocos, inaugurado hace unos meses, era Casa Casuarina, lo que da cuenta de su diseño, al más puro estilo Imperio Romano. Era la obsesión de Versace, cuyo símbolo, la cabeza de Medusa, sobresale en la espectacular piscina de mil mosaicos con incrustaciones en oro de 24 quilates. La ruta por la cultura clásica sigue en la estatua de la diosa Afrodita, en medio del jardín; en los frescos mitológicos que decoran los techos o en el patio, con bustos de personajes clave de los cinco continentes, desde Moisés a Shakespeare. G. Weiss decidió mantener estas dependencias tal y como las ideó el italiano, aunque cambió los muebles y rediseñó telas, sábanas, mantas… Por cierto, puede llevarse a casa estas últimas, a base de cachemir y visón, por unos módicos 3.000 euros.

El resultado (tras el millón de dólares invertido) es una oda a la opulencia y la excentricidad en la que también caben elementos propios de una villa árabe (en salones de uso común) o de un safari africano (el estampado de leopardo no puede faltar) y en la que cualquier fantasía imaginable se convierte en dicho y hecho. Hasta organizar una boda en un par de días, como pidió una pareja que se enamoró del palazzo a primera vista. Otros detalles de cosecha propia han sido las amenities de lujo de Thierry Mugler, las fuentes de chocolate fundido emanando sin pausa o las máquinas expendedoras de M&M’s. Tal cual.

Todos estos extras están presentes en las 10 suites, decoradas de forma distinta y con dos camas king-size incorporadas. La que disfrutó el propio Versace, la Empire Suite, no es, curiosamente, la más grande: mide 62 m2 frente a los 132 de la Venus Suite. Eso sí, la música de órgano que suena de fondo marca la diferencia. Luego está la de Madonna, The Mosaic Suite, con una bañera-jacuzzi chapada en oro. La que utilizara Santo, el hermano de Gianni, se llama Signature Suite y está capitaneada por un sofá con estampado de cebra. La sobrina/heredera, Allegra, tenía su particular oasis en la rebautizada como Garden Suite, de estilo rococó. Dormir en ella sólo cuesta 1.800 euros. Las hay más caras (3.500) y más baratas (1.300), pero si siguen saliéndose del presupuesto siempre podrá realizar una visita guiada por 35.

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Su situación, en pleno Ocean Drive, el mítico paseo salpicado de restaurantes y clubs con ambiente y gente guapa a cualquier hora. Cuzar la puerta supone adentrarse en un oasis de opulencia y quietud que nada que tiene ver con la atmósfera playera que se vive fuera.

Su incierta historia, ya que, desde su nacimiento en 1930 en homenaje a la casa de un hijo de Cristóbal Colón en Santo Domingo, ha pasado por épocas de esplendor… y otras, de todo lo contrario. Aun así, sigue siendo una de las fachadas más fotografiadas de Estados Unidos, tras la Casa Blanca o el edificio Dakota, donde murió John Lennon.

La elaborada oferta culinaria del restaurante The Villa, con espacio para 30 comensales, que usan la vajilla Rosenthal diseñada por Versace. Entre los platos estrella figuran la pierna de cordero con yogur griego en cubitos de gelatina o el salmón a la mostaza de caviar. La carta de vinos propone más de 100. La hora del té (disponible por 25 euros) es otro must de la casa.

Vía : ocholeguas

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